Toda historia tiene un comienzo, y esta comenzó en 2007. Aquel verano compré mi primera cámara de fotos. Había trabajado como periodista ya seis años, pero siempre había usado fotos y cámaras de otros, incluyendo una vetusta cámara digital noventera que tiraba a 320×240 y cuya marca no recuerdo. Compré una Nikon Coolpix L11 y empecé a hacer mis primeros tiros. Me dio muy buen servicio hasta que un día se cayó en verano de 2008 y me cargué la óptica. La malvendí para piezas por 2 euros, todo lo demás estaba bien.
Al cabo de unos meses, me había fijado en la Nikon D40X, pero aconsejado por mi amiga Nazaret -fotógrafa- me animé a dar el salto a algo más prestacional, y cayó la Nikon D60, que ya no era una cámara compacta de juguete, sino una DSLR o réflex digital. En aquel momento, para mí, soltar 500 euros de una fue un esfuerzo, me compré bolsa y dos ópticas, 18-55 y 55-200, las de gama básica. Sobre estas líneas, una de mis primeras fotos con la D60.
Entre nosotros, y honestamente, es una mierda. Insuficientemente expuesta, movida, mal encuadrada, balance de blancos equivocado… no tenía ni puñetera idea y el automático no salvaba los trastos de la misma forma. La estuve usando durante unos años, creyendo que la controlaba, y en 2014 volví a encontrarme con Nazaret y me dio una valiosa lección: seguía sin tener ni puñetera idea, al menos saliendo de mi zona de confort: sacar fotos de coches de día y con buena luz.

Haciéndole un mínimo de caso, empezaron a salirme cosas como estas. También estuve experimentando con un viejo objetivo de 50 mm de mi padre, sin chip, que me obligaba a aprender el modo manual, incluso enforcar a manita. Empezaba a entender para qué puñetas servía el modo M. Seguí experimentando y experimentando, hasta que en los últimos meses ya puedo empezar a decir que he exprimido todas sus posibilidades.
Ya se me ha quedado pequeña sacando varias fotos seguidas, por resolución, por su sensibilidad a la luz nocturna, la dificultad de usar objetivos antiguos… Y era el momento de seguir progresando. Como el presupuesto sigue siendo bastante limitado, que ahora tengo muchísimos gastos, tuvo que ser una cámara antigua, y es de hecho una aún más antigua que la D60 (2008), una Nikon D300 (2007). Más antigua, sí, pero esta ya es semipro, no de iniciación.
Seguimos conociéndonos. No se aprende a exprimirla tan rápido, ni mucho menos, pero van saliendo cosas interesantes. Es capaz de comunicarse con los objetivos antiguos (Nikkor Ai, para el que tenga curiosidad) mediante un sistema mecánico que le dice a la cámara cuánta apertura pido, y la cámara mide la luz, cosa que la D60 no podía hacer sin chip. Y me deja tirar varias por segundo, hasta 8 fotogramas, eso para mí es como pasar de la carabina a la ametralladora.

Van saliendo nuevos desafíos y estoy dispuesto a llevar la Nikon D300 hasta el límite de sus posibilidades, que la he comprado usada pero tiene mucha vida por delante (y no creo que la agote). La cámara que me hubiese gustado pillar, después de hacer mucha investigación, es la Nikon D7500, que no es precisamente nueva, pero se puede comprar nueva hasta que se agoten. Es la última cámara DSLR con su pentaprisma y espejo que compraría, y en formato «recortado» (APS-C).
Paso mucho del formato full-frame, solo me aportaría costes y ninguna ventaja en lo que hago. También sudo bastante de las «sin espejo» o mirrorless, sobre todo porque son escandalosamente caras. Y debo admitir que tenía una batería de prejuicios enorme hasta que esta mañana he probado una Nikon Z50, que sería la evolución lógica desde la D60, la mirrorless más barata que tienen, y me ha sorprendido gratamente.
El mismo empleado de Finicon (Madrid) me dejó coger también la Z5, que ya es otra historia y full-frame, y hasta me ha convencido por lo que pesa y ocupa en mi mano. Es que yo eso de tener una cámara que pesa como una cajetilla de tabaco y no suena como una cámara no tiene mucha gracia. Pero suena y todo. Había probado algunas Canon sin espejo y me parecieron una pérdida de tiempo y de dinero (y no precisamente una ful de cámara, por ejemplo una 1100D). Eso de quedarme con el visor en negro me ponía enfermo. A la Z50 no le pasa. Hoy ese hombre se ha ganado su sueldo, me la ha vendido en diferido.

Si he podido hacer cosas como estas con una D60, una cámara de iniciación, qué no podré hacer con la D300, hasta que haya pasta para un juguete más interesante. Tanto la Z50 como la D7500 están sobre los 1.000 euros, ¡solo el cuerpo! Y en el caso de pasarme a formato Z, las ópticas son siempre más caras, y para mi humilde escala económica, comprar un objetivo de más de 500 euros ya me parece una pasada de rosca total. Como no quiero pasarme a full-frame, con la Nikon Z fc (una Z50 en bonito) me doy con un canto en los dientes.
Ya os iré contando qué tal me va. Este espacio será testigo de mi evolución y los trabajos que vaya haciendo como eterno aprendiz de fotografía. El día que considere que ya lo sé todo, igual me quedan ya dos telediarios.
